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El riesgo de cáncer aumenta con la edad por el deterioro del sistema inmune

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Es bien sabido que las personas mayores tienen un mayor riesgo de padecer un cáncer que las más ‘jóvenes’. La razón se explica porque con el paso de los años, las células van acumulando más y más mutaciones en su ADN que las hacen más proclives a convertirse en malignas. Y a ello se aúna que los mecanismos con los que cuentan las células para reparar estas alteraciones en su genoma se deterioran y pierden eficacia con la edad. Por tanto, y dado que los tumores son básicamente el resultado de la suma de mutaciones, la mayoría de investigaciones oncológicas se centran en la manera de contrarrestar el efecto de estas alteraciones genéticas. Sin embargo, y según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Dundee (Reino Unido), es posible que este rumbo no sea del todo correcto. Y es que según los resultados, el cáncer sería más bien una consecuencia del deterioro del sistema inmune –y no tanto el fruto de una acumulación de mutaciones.

Como explica Thea Newman, director de esta investigación publicada en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», «es cierto que estamos en los inicios de este nuevo concepto, pero en caso de demostrar que no estamos equivocados podríamos estar hablando de una vía totalmente novedosa para prevenir y tratar el cáncer. Prácticamente toda la investigación oncológica se basa en aumentar nuestro conocimiento sobre las mutaciones y en cómo abordarlas para, así, curar la enfermedad. En ningún caso dudamos del hecho de que las mutaciones provocan cáncer. Pero la cuestión es si estas mutaciones son por sí solas responsables del rápido crecimiento de la incidencia del cáncer asociado a la edad dado que el envejecimiento también causa otros cambios profundos en el organismo».

Más que mutaciones
El objetivo del nuevo estudio fue evaluar si, contrariamente a como establece la teoría predominante en las últimas décadas, la mayor incidencia de cáncer en las personas mayores no es tanto el resultado de una acumulación de mutaciones como el deterioro de la actividad inmunitaria asociado a la edad. Y para ello, los autores tomaron los historiales médicos de dos millones de personas con cáncer y edades comprendidas entre los 18 y los 70 años y desarrollaron una fórmula matemática para calcular la incidencia esperable de más de 100 tipos de tumores en función del deterioro del sistema inmune asociado al envejecimiento.

Los resultados mostraron que su teoría del deterioro del sistema inmunitario era mejor que la hipótesis de las mutaciones genéticas para explicar el mayor riesgo de cáncer en las personas mayores. Un resultado que, destacan los autores, también explicaría por qué la incidencia de enfermedades oncológicas es mayor en la población masculina que en la femenina –una realidad que nunca se ha podido justificar con la hipótesis de las mutaciones–. No en vano, el deterioro del sistema inmune es, por lo general, mucho más lento en las mujeres que en los varones.

El declive del sistema inmune juega un papel mucho mayor en el desarrollo del cáncer de lo que previamente se pensaba

Como indican los autores, «nuestros resultados sugieren que el sistema inmune, y muy especialmente su deterioro progresivo, juega un papel mucho mayor en el desarrollo del cáncer de lo que previamente se pensaba. Así, y de confirmarse en ulteriores estudios, nuestros hallazgos podrían tener implicaciones muy significativas para la prevención y el tratamiento del cáncer en todo el mundo».

En este contexto, debe recordarse que una de las principales causas de este deterioro inmunitario es el ‘encogimiento’ del timo con el paso de los años. De hecho, se estima que esta glándula en la que se producen los linfocitos T ya inicia su ‘involución’ a la edad de 1 año y que su volumen se ve reducido a la mitad cada 16 años. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que, según los resultados del nuevo estudio, la probabilidad que tiene un tumor de ‘prosperar’ se encuentra directamente condicionada por la cantidad de linfocitos T circulantes.

Como refiere Sam Palmer, co-autor de la investigación, «la hipótesis de la inmunovigilancia dice que las células cancerígenas están emergiendo continuamente por todo el cuerpo pero que el sistema inmune las destruye antes de que se pueda establecer un nuevo tumor. Así, los linfocitos T se pasan la vida rastrando y matando estas células malignas. Pero si no son capaces de encontrarlas rápidamente o el sistema inmune es demasiado débil, entonces las células cancerígenas tendrán la oportunidad de proliferar. Y esta probabilidad se incrementa con la edad porque el timo no hace más que encoger con el paso de los años».

Grandes timos
En definitiva, parece que el declive del sistema inmune juega un papel al menos tan importante como las mutaciones en el desarrollo del cáncer. Como refieren los autores, «para nuestro modelo, nos hemos imaginado una guerra entre los linfocitos T y las células cancerígenas, con estas últimas ganando si alcanzan cierto umbral de desarrollo. Y lo que hemos hecho es ir bajando este umbral con la edad, es decir, acorde con el declive en la producción de linfocitos T. Así, nuestra hipótesis, aun simple, es capaz de explicar muchos de los datos de la incidencia del cáncer».

Es más; los resultados también parecen explicar la razón para una diferencia de género en el riesgo de cáncer. Una diferencia en la que el timo tendría mucho que decir. En palabras de Luca Albergante, co-autor de la investigación, «el aumento de la incidencia de cáncer asociado a la edad es menor en las mujeres. Todo ello a pesar de que debería esperarse que el cáncer fuera neutral en cuanto a los sexos. Pero el encogimiento del timo es más lento en las mujeres, por lo que podemos predecir una incidencia diferente asociada al sexo que, una vez más, muestra que nuestro modelo es más preciso que la teoría tradicional».

Sin embargo, y más allá de un marco meramente teórico, los resultados también podrían tener implicaciones clínicas directas. Como concluye Clare Blackburn, co-autora del estudio, «nuestro trabajo sugiere que, además de en las mutaciones, deberíamos centrarnos en cómo potenciar la función del timo. Por ejemplo, mediante un trasplante o una regeneración ‘controlada’, para así aumentar la producción de linfocitos T».