web analytics

El humo de los vehículos diésel parece aumentar el riesgo de esclerosis lateral amiotrófica

- en BLOG
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad degenerativa causada por la muerte de las neuronas motoras –o ‘motoneuronas’–, responsables de transmitir los impulsos nerviosos del cerebro y la médula espinal a los músculos voluntarios del organismo. Una enfermedad de la que cada año se diagnostican cerca de 900 nuevos casos en nuestro país y para la que no existe ningún tratamiento capaz de frenar su progresión, menos aún de curarla. De hecho, ni siquiera se sabe por qué se origina. Pero, ¿aún no se ha identificado ningún factor de riesgo para esta enfermedad? Pues sí, pero muy pocos. Por ejemplo, parece que el mercurio contenido en el pescado podría aumentar la probabilidad de padecer ELA. Un riesgo que, según muestra un estudio dirigido por investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Boston (EE.UU), también parece mayor en los varones que se ven abocados a respirar el humo resultante de la combustión del diésel –o ‘humo diésel’.

Como explica Aisha Dickerson, directora de esta investigación presentada en el marco del Congreso Anual 2018 de la Academia Americana de Neurología (AAN) que se está celebrando en Los Ángeles (EE.UU.), «algunos estudios previos ya habían sugerido que los trabajadores que desempeñan oficios en los que hay una mayor exposición al humo diésel podrían tener un mayor riesgo de ELA. Sin embargo, no se había realizado ningún trabajo para analizar directamente la relación entre la exposición a este humo diésel durante distintos momentos de la vida y la ELA. Así, y si bien el riesgo de desarrollar la enfermedad es bajo, nuestros hallazgos apuntan a que a mayor exposición al humo diésel, mayor es el riesgo de padecer ELA».

Inhalación laboral
Para lleva a cabo el estudio, los autores identificaron a 1.639 personas con una edad promedio de 56 años que, incluidas en el Registro Nacional Danés de Pacientes, habían sido diagnosticadas de ELA entre 1982 y 2013. Y lo que hicieron fue ‘emparejar’ a cada uno de estos pacientes con 100 personas de su misma edad y sexo que no hubieran padecido la enfermedad.

El siguiente paso fue indagar en el historial laboral de los participantes –con o sin ELA– para determinar su grado de exposición al humo de la combustión del diésel durante los 5-10 años previos al diagnóstico de la enfermedad –o en el caso de aquellos sin ELA, durante un tiempo similar–. ¿Y por qué de cinco a 10 años? Pues porque es el periodo que se considera ‘necesario’ para que este humo tenga un efecto en el organismo.

A mayor exposición al humo de la combustión del diésel, mayor es el riesgo de padecer ELA

Lógicamente, conocer qué oficio desempeñó cada persona no es suficiente para saber cuánto humo diésel se vio obligada a inhalar mientras trabajaba. Así que lo que hicieron los autores fue estimar esta exposición en función del riesgo asociado a cada oficio, siendo por ejemplo mucho mayor en el caso de los empleados en las gasolineras, los conductores de autobuses o los trabajadores de la construcción.

Finalmente, los participantes fueron incluidos en cuatro grupos en función de la exposición acumulada al humo diésel. Y de acuerdo con los resultados, los varones que tuvieron que respirar este humo en el trabajo durante al menos una década presentaron un riesgo un 20% superior de padecer ELA que aquellos que pudieron disfrutar de un air más limpio. Además, y comparados frente a aquellos que no se encontraron expuestos y con independencia de su lugar de residencia, los varones con una probabilidad superior al 50% de inhalar humo diésel por motivos laborales tuvieron un riesgo hasta un 45% superior de desarrollar la enfermedad.

Y llegados a este punto, ¿qué paso con las mujeres? ¿Respirar humo diésel también se asoció a una mayor incidencia de ELA? Pues no. El riesgo fue similar, lo que podría explicarse porque, puntualizan los autores, «los tipos de oficios, e incluso las labores desempeñadas dentro del mismo oficio, pueden diferir substancialmente entre las mujeres y los varones».

También mientras paseamos
En consecuencia, ¿puede concluirse que el inhalar humo diésel provoca el desarrollo de la ELA? Pues no. Se trata de un estudio observacional, por lo que no pueden extraerse conclusiones del tipo ‘causa y efecto’. Pero sí una asociación: las personas que inhalan más humo diésel tienen un riesgo superior de ELA, y cuando mayor es esta exposición, mayor es este riesgo. Es más; parece que tampoco es estrictamente necesario que esta inhalación se produzca mientras se trabaja. Vivir en una ciudad con un alto nivel de contaminación por el tráfico podría ser suficiente para tener un mayor riesgo de padecer la enfermedad.

Como concluye Aisha Dickerson, «esta exposición al humo diésel merece más atención y estudio a medida que trabajamos para lograr una mejor comprensión de las causas de la ELA. Y lo que es muy importante, la población general puede estar expuesta a este humo diésel por la contaminación del tráfico».