Atacar una única proteína para tratar múltiples tipos de cáncer

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En nuestro país se diagnostican cada año más de 33.000 nuevos casos de cáncer de próstata, el tipo de tumor más común entre la población masculina. Un cáncer que, si bien en un gran número de casos no resulta mortal dado su lento crecimiento, causa cada año el deceso de cerca de 6.000 españoles. Y es que este tipo de cáncer presenta una gran capacidad para expandirse e invadir otros órganos –el proceso denominado ‘metástasis’–. De hecho, hasta un 90% de los pacientes que acaban falleciendo a consecuencia del tumor presenta metástasis óseas. De ahí la importancia de un estudio dirigido por investigadores del Centro Oncológico de la Universidad de Colorado en Aurora (EE.UU.), en el que se describe no solo un mecanismo por el que el cáncer de próstata forma nuevos tumores en los huesos, sino también una molécula experimental que podría detener todo este proceso.

Como explica Philip Owens, director de esta investigación presentada en el marco de la Reunión Anual 2018 de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR) que se está celebrando en Chicago (EE.UU.), «una vez ha desarrollado el cáncer de próstata, el paciente suele sufrir el crecimiento de nuevo hueso, lo que puede ser muy doloroso. Y lo que hemos visto en nuestro trabajo es que este crecimiento óseo ayuda a su vez a la progresión y expansión del cáncer».

Menor número de metástasis
Para llevar a cabo su estudio, los autores se fijaron en las denominadas ‘proteínas morfogenéticas del hueso’ (BMP), grupo de factores de crecimiento que colaboran de forma natural en la formación de los huesos sanos y que son utilizados en distintos procedimientos quirúrgicos –caso de la fusión espinal– para promover el crecimiento de nuevos huesos. El problema es que las alteraciones en la expresión de estas BMP pueden provocar el desarrollo de diversos tipos de cáncer. Por ejemplo, se sabe que una baja señalización de las BMP aumenta, y mucho, el riesgo de cáncer colorrectal, mientras que una señalización anormalmente elevada de estas proteínas se asocia a la aparición de cáncer de esófago.

Más concretamente, los autores se centraron en la señalización de las BMP en las células mieloides, tipo de células sanguíneas producidas en la médula ósea –el término ‘mieloide’ significa ‘perteneciente a la médula ósea’– a partir de las células madre hematopoyéticas y cuya diferenciación da lugar a todos los tipos de células de la sangre –con excepción de los linfocitos, que no son células ‘mieloides’ sino ‘linfoides’–. Y para ello, utilizaron un modelo animal –ratones– al que manipularon genéticamente para que no pudiera expresar una BMP concreta: la BMPR1a, que se encuentra en las células mieloides y, por tanto, en la médula ósea y en los huesos.

La inhibición de la señalización de las BMP en las células mieloides podría constituir una nueva estrategia para el tratamiento del cáncer

Los resultados mostraron la supresión de la expresión de BMPR1a se asoció con un menor desarrollo de tumores óseos que, además, eran mucho más pequeños. Y es que la eliminación del gen que codifica esta BMPR1a parece anular la capacidad de las células mieloides para producir cierto tipo de células –lo que en último término limita la capacidad de las células mieloides para formar tumores.

Por tanto, parece que las BMP juegan un papel crucial en la expansión del cáncer de próstata a los huesos. Pero, ¿no hay nada que se pueda hacer? Pues es posible que sí. Y es que los propios autores ya demostraron hace unos años el fármaco experimental ‘DMH1’, diseñado para inhibir las BMP, es capaz de frenar el crecimiento de las células cancerígenas. Tal es así que, como indica Philip Owens, «nuestro nuevo estudio constituye una ‘prueba genética’ que muestra no solo que ‘DMH1’ funciona, sino que demuestra que el fármaco probablemente actúa sobre células que no pertenecen al propio tumor».

Inhibir las BMP
En definitiva, parece que las células mieloides colaboran de forma muy activa en la diseminación del cáncer de próstata en los huesos. Un hallazgo que viene a reforzar la hipótesis de que el cáncer, lejos de ser una enfermedad ‘local’ –o de un solo órgano–, tiene un carácter sistémico –es decir, en la que participa todo el organismo.

Como concluye Philip Owens, «creemos que hay evidencias de que la BMP que participa en el desarrollo de tumores en múltiples tejidos procede de las células mieloide. Unas evidencias crecientes que, por tanto, muestran el beneficio de inhibir la señalización de las BMP en las células mieloides».

Entonces, ¿cuál será el próximo paso? Pues los autores seguirán estudiando la inhibición de las BMP en las células mieloide como posible terapia frente al cáncer de próstata, lo que podría facilitar la puesta en marcha de un ensayo clínico con humanos para evaluar el tratamiento con ‘DMH1’ u otro inhibidor de las BMP en pacientes con enfermedad metastásica.