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La flora intestinal condiciona nuestro riesgo cardiovascular

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Cada vez es mayor el número de estudios que constatan que la flora intestinal juega un papel fundamental en la regulación de muchas de las funciones vitales de nuestro organismo, caso del metabolismo y de la actividad del sistema inmune. Y asimismo, que el desequilibrio en la composición de esta microbiota intestinal, esto es, que haya más o menos especies bacterianas ‘buenas’ o ‘malas’, se asocia a un mayor riesgo de desarrollo de distintas enfermedades, entre otras la diabetes, la obesidad y distintas patologías autoinmunes. Sin embargo, el impacto de las bacterias que conviven en nuestro intestino no acaba aquí. De hecho, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) muestra que la flora intestinal también condiciona la rigidez –o flexibilidad– de nuestras arterias. O lo que es lo mismo, nuestro riesgo de aterosclerosis, sugiriendo así que las medidas para modificar la composición de esta microbiota –caso de la dieta, los fármacos o los probióticos– podrían ser muy importantes para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

Como indica Ana Valdés, directora de esta investigación publicada en la revista «European Heart Journal», «sabemos que una proporción substancial de episodios cardiovasculares graves, caso de los infartos de miocardio, no se explica por los factores de riesgo tradicionales como la obesidad y el tabaquismo, muy especialmente en jóvenes y mujeres. Y asimismo, que la rigidez arterial es un factor de riesgo en estos grupos de población. Así, nuestros hallazgos constituyen la primera observación en humanos de una asociación entre las bacterias del intestino y la rigidez arterial. Por tanto, es posible que la flora intestinal pueda ser utilizada para establecer el riesgo de enfermedad cardiovascular e, incluso, que pueda ser alterada mediante la dieta o los fármacos para reducir este riesgo».

Rigidez arterial
Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales clínicos de 617 parejas de hermanas gemelas de mediana edad que se habían sometido a distintas pruebas médicas con motivo de su inclusión –totalmente voluntaria– en el Registro de Gemelos de Reino Unido. Y lo que hicieron fue fijarse en los datos sobre la composición del microbioma intestinal de las participantes y en el grado de rigidez de sus arterias –determinado a través de la medición de la velocidad de la onda de pulso carotideo-femoral.

Los resultados revelaron la existencia de una correlación muy significativa entre la diversidad de especies bacterianas intestinales y la salud de las arterias. En todas las participantes. De hecho, y con independencia de factores como la presión sanguínea, cuanto menor era la diversidad de esta flora intestinal, mayor era el grado de rigidez de las arterias y, por tanto, mayor el riesgo de presentar aterosclerosis.

Las intervenciones dietéticas para mejorar la salud de la flora intestinal podrían ser muy útiles para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular

Es más; los autores también identificaron algunas especies bacterianas específicas cuya presencia o ausencia, así como su cantidad, se asoció a un menor riesgo de rigidez arterial. Unas bacterias ‘buenas’ que, además, ya eran bien conocidas, pues distintos estudios previos ya habían mostrado su asociación con un menor riesgo de obesidad.

Como indica Cristina Menni, co-autora de la investigación, «a día de hoy existe un notable interés por encontrar la manera de incrementar la diversidad de la microbiota intestinal en enfermedades como la obesidad y la diabetes. Y ahora, nuestros estudios sugieren que las intervenciones dietéticas para mejorar la salud de la flora intestinal también podrían utilizarse para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares».

Bacterias ‘buenas’ y ‘malas’
En definitiva, los nuevos hallazgos sugieren que los casos de enfermedad cardiovascular que no se pueden explicar con los factores de riesgo tradicionales podrían, quizás, justificarse por la buena o mala ‘salud’ de la flora intestinal. O lo que es lo mismo, por la composición, más o menos adecuada, de este microbioma. Muy especialmente en los jóvenes y mujeres, en el que el análisis de esta microbiota podría resultar especialmente útil para estratificar su riesgo cardiovascular.

Pero aún hay más. Como concluyen los autores, «el microbioma intestinal también podría ser el objetivo de intervenciones de salud basadas en la nutrición. Por ejemplo, se sabe que una dieta rica en fibra mejora la cantidad y diversidad de especies bacterianas ‘buenas’ en el intestino. De hecho, la composición de esta flora puede contribuir al mecanismo por el que la ingesta de fibra dietética influye en el riesgo cardiovascular. Pero aún necesitamos investigar más a fondo sobre este mecanismo».