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Cuidado: las dietas hiperproteicas aumentan el riesgo de insuficiencia cardiaca

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Cada día hay más personas con exceso de peso en todo el mundo, muy especialmente en los países occidentales. Una consecuencia de un estilo de vida caracterizado por una alimentación ‘inadecuada’ y un mayor sedentarismo. Tal es así que, dados los efectos negativos para la salud del sobrepeso y la obesidad, debe recomendarse a las personas con esos ‘kilos de más’ que hagan ejercicio y, sobre todo, se pongan a dieta. Es el caso, por ejemplo, de las dietas que contienen una elevada cantidad de proteínas, cada vez más populares dado que las proteínas ‘extra’ quitan el hambre y previenen la pérdida de tejido muscular que se produce con la pérdida de peso. Pero estas regímenes hiperproteicos, ¿no conllevan ninguna consecuencia para la salud? Pues la verdad es que poco se sabe sobre sus efectos a largo plazo. Y ahora, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Finlandia Oriental en Kuopio (Finlandia) alerta que estas dietas ricas en proteínas aumentan el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca. Cuando menos, en los varones de mediana edad.

Como explica Jyrki Virtanen, director de esta investigación publicada en la revista «Circulation: Heart Failure», «la mayoría de la población da por hecho que las dietas ricas en proteínas son beneficiosas para la salud, por lo que es importante tener claro los posibles riesgos y beneficios asociados a estas dietas. En este sentido, distintos estudios previos han asociado las dietas con un alto contenido en proteínas, y muy especialmente cuando estas proteínas tienen un origen animal, con un incremento del riesgo de diabetes tipo 2 e, incluso, de muerte».

Corazones ineficientes
La insuficiencia cardiaca es una enfermedad en la que el corazón se encuentra debilitado y no late con suficiente fuerza como para satisfacer las necesidades metabólicas del organismo. Una enfermedad que, además de suponer la primera causa de hospitalización en personas mayores de 65 años, se asocia a una elevada tasa de mortalidad, muy superior a la que presentan, por ejemplo, muchos tipos de cáncer. De hecho, y según las estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la mitad de los casi 5,7 millones de estadounidenses con insuficiencia cardiaca fallecerán a lo largo de los próximos cinco años a consecuencia de la enfermedad. Y es que aún no existe una cura, por lo que la adopción de hábitos de vida saludable para prevenir su aparición cobra una importancia capital. ¿Sería el caso, por ejemplo, de seguir una dieta hiperproteica? Pues parece que no.

En el estudio, los autores siguieron durante un promedio de 22 años la evolución de 2.441 varones que, con edades comprendidas entre los 42 y los 60 años y sin ningún tipo de enfermedad cardiovascular, habían respondido a distintos cuestionarios sobre sus hábitos alimenticios. Y lo que hicieron fue dividir a los participantes en cuatro grupos en función de su ingesta diaria de proteínas.

Las únicas proteínas que no se asociaron con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca fueron las procedentes del pescado y de los huevos

Concluidas las más de dos décadas de seguimiento se diagnosticaron un total de 334 casos de insuficiencia cardiaca. Y de acuerdo con los resultados, el consumo de proteínas tuvo mucho que ver. No en vano, y comparados frente los participantes con menor ingesta, aquellos que consumieron más proteínas –con independencia de su procedencia– tuvieron un riesgo un 33% superior de padecer insuficiencia cardiaca.

Llegados a este punto, ¿todas las proteínas son iguales en lo que respecta a la insuficiencia cardiaca? O dicho de otro modo, ¿la fuente de las proteínas influye en la probabilidad de sufrir esta enfermedad? Pues sí, y mucho. Concretamente, las personas con mayor consumo de proteínas animales tuvieron, frente a las de menor ingesta, un riesgo hasta un 43% mayor. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que el 70% de las proteínas consumidas por los participantes a lo largo de los 22 años tenían un origen animal. Pero aún hay más. El riesgo de insuficiencia cardiaca, un 17% mayor en los participantes que consumieron más proteínas de origen vegetal, resultó hasta un 49% superior en caso de que estas proteínas provinieran de los lácteos.

Pero, ¿no hay ninguna proteína ‘buena’? Pues sí. Como apuntan los autores, «únicamente las proteínas procedentes del pescado y de los huevos no se asociaron con un riesgo de insuficiencia cardiaca».

Hacen falta más estudios
En definitiva, abusar de las proteínas puede ser beneficioso para nuestro volumen corporal pero puede resultar letal para nuestros corazones. Por lo menos en el caso de los varones que ya han alcanzado la mediana edad. Entonces, ¿la restricción de la ingesta de proteínas podría tener un efecto protector frente a la insuficiencia cardiaca? Pues la verdad es que aún no se sabe.

Como concluye Heli E.K. Virtanen, co-autora de la investigación, «dado que el nuestro es uno de los primeros estudios en los que se ha evaluado la asociación entre la ingesta diaria de proteínas y el riesgo de insuficiencia cardiaca, necesitamos más investigaciones para analizar si la moderación en el consumo de proteínas puede ser beneficiosa en la prevención de la insuficiencia cardiaca».