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La desigualdad económica también afecta a la mortalidad cardiovascular en España

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La mortalidad cardiovascular en España varía entre las distintas comunidades autónomas en función de su nivel socioeconómico. Según un estudio realizado por el Hospital Universitario La Paz y la Universidad Autónoma de Madrid, y presentado en el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares SEC 2018, muestra qye no solo que el grupo de comunidades autónomas con menor Producto Interior Bruto (PIB) tiene mayor mortalidad cardiovascular, sino además que la mortalidad por esta causa desciende más lentamente que en el resto de CCAA.

Es decir, en las CCAA con menor nivel económico -aquellas cuyo PIB era menor al 90% del promedio nacional- Andalucía, Asturias, Castilla La Mancha, Extremadura, Galicia y Murcia no solo tienen las tasa de mortalidad cardiovascularas mayores de España, sino que además es donde esta cifra desciende de una forma más despacio.

Por ejemplo, la tasa de mortalidad cardiovascular por 100.000 habitantes en Asturias en 2002, año en que se inició el estudio, era de 147, y de 133 en 2015, mientras que en Madrid se ha pasado de una cifra de 70 a 52.

Para el primer firmante del estudio, Jaime Fernández de Bobadilla, el estudio sugiere la conveniencia de fomentar la solidaridad y coordinación interterritorial en la asistencia sanitaria, en la medida en que las estrategias de prevención y tratamiento influyen sobre la mortalidad por enfermedad cardiovascular.

Existen muchos factores que hacen que las regiones con rentas inferiores se vean más amenazadas por la enfermedad cardiovascular. Es bien conocida la asociación entre la mala calidad de la dieta y la falta de recursos a causa no solo del mayor precio de los alimentos frescos y de calidad, «sino también por una cuestión educacional y cultural», aclara Fernández de Bobadilla, quien destaca el consumo de tabaco como «uno de los motivos más importantes para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular». Y es que según la última Encuesta de presupuestos familiares del Instituto Nacional de Estadística, los hogares con menos renta dedican un mayor presupuesto a bebidas alcohólicas y tabaco (2,4%) que las familias más acomodadas (1,4%).

También hay componentes genéticos, poblacionales (sobre todo edad), dietéticos, educativos y culturales que explican la asociación del PIB con la mortalidad cardiovascular, además de las diferencias en la inversión de recursos. No obstante, «los recursos invertidos en prevención cardiovascular son probablemente más importantes desde el punto de vista poblacional que los recursos de tratamiento», matiza el especialista.

Los recursos invertidos en prevención cardiovascular son probablemente más importantes desde el punto de vista poblacional que los recursos de tratamiento
Una mayor sensibilidad social hacia la importancia de la dieta, el ejercicio físico, el control de la tensión arterial y, sobre todo, la reducción del consumo de tabaco podrían cambiar mucho el panorama en poco tiempo

Este estudio abre la puerta para investigar hasta qué punto las diferencias en resultados en salud cardiovascular pueden ser producto de desigualdades reales entre los sistemas sanitarios de las comunidades autónomas. «De ser así, “convendría buscar mecanismos eficientes para que todas las comunidades mejoren al tiempo que se mejore la solidaridad entre territorios», señala.

La educación es el pilar fundamental para mejorar la salud cardiovascular de la población. Para eso, son importantes las inversiones muy bien orientadas pero, sobre todo, es imprescindible que haya voluntad y determinación para convertirlo en una prioridad por parte de las administraciones.

Para Fernández de Bobadilla «la educación para la salud debería ser una asignatura obligatoria y troncal desde primero de la ESO hasta segundo de bachillerato, como las matemáticas, la lengua o la historia». Pero la educación no debe quedarse únicamente en la escuela.

«Una mayor sensibilidad social hacia la importancia de la dieta, el ejercicio físico, el control de la tensión arterial y, sobre todo, la reducción del consumo de tabaco podrían cambiar mucho el panorama en poco tiempo», concluye el experto.