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Un biomarcador sanguíneo para la depresión mayor

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A día de hoy conviven en nuestro país cerca de 2,6 millones de personas con depresión, trastorno mental que según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) padecen más de 350 millones de personas en todo el planeta. Una prevalencia desmesurada que se explica, cuando menos parcialmente, por la gran dificultad que plantea su tratamiento. No en vano, no solo la mitad de los pacientes no responde a los antidepresivos más comunes, sino que hasta una tercera parte es resistente a todos los tratamientos disponibles. Pero, ¿cómo saber si una persona responderá al tratamiento con antidepresivos? Un aspecto a tener muy en cuenta dado que los antidepresivos, como todos los fármacos, no son ‘inocuos’ y siempre provocan efectos secundarios. Pues la verdad es que no se sabe. O así ha sido hasta ahora, dado que investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.) parecen haber hallado la forma de anticipar si un paciente responderá o no al tratamiento. Y para ello solo hay que tomar una muestra de sangre.

Como explica Carla Nasca, directora de esta investigación publicada en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», «en los pacientes con depresión debe haber algo que está ocasionado un problema en los mecanismos relacionados con la biología de la acetil-L-carnitina. Y de manera sorprendente, la deficiencia de esta acetil-L-carnitina es incluso mayor en los pacientes que no responden a los antidepresivos convencionales».

Regulación del glutamato
La acetil-L-carnitina es una molécula sintetizada de forma natural por el organismo que participa en algunas de las funciones básicas en el cerebro, caso de la regulación del metabolismo y de la expresión de distintos genes. De hecho, esta acetil-L-carnitina es la responsable de controlar los niveles de uno de los principales neutroansmisores cerebrales: el glutamato.

En este contexto, los experimentos previos llevados a cabo por los autores con modelos animales –ratones– ya habían mostrado que la deficiencia de acetil-L-carnitina contribuía al desarrollo de la depresión y, lo que es más importante, que la administración de suplementos con esta molécula atenuaba los síntomas asociados a este trastorno mental al revertir los daños celulares causados por el exceso de glutamato. Un beneficio, además, que se lograba a los pocos días de tratamiento, no requiréndose las 2-4 semanas que generalmente necesitan los actuales fármacos antidepresivos para inducir su efecto –tanto en ratones como en seres humanos.

Por tanto, parece claro que la acetil-L-carnitina juega un papel muy importante en la depresión en los roedores. Pero, ¿qué pasa con los seres humanos? Pues para responder a esta pregunta, los autores compararon las muestras de sangre tomadas a 71 mujeres y varones con edades entre los 20 y los 70 años y diagnosticados de depresión –28 con depresión de grado moderado y 45 con depresión grave– con las obtenidas de 45 personas sin la enfermedad. ¿Y qué pasó? Pues que con independencia del sexo o la edad, los pacientes diagnosticados de depresión tenían concentraciones significativamente menores de acetil-L-carnitina en sangre.

La deficiencia de esta acetil-L-carnitina es más acusada en los pacientes que no responden a los antidepresivos convencionales

Es más; los resultados también mostraron que los pacientes con los menores niveles sanguíneos de acetil-L-carnitina fueron aquellos que presentaban síntomas de mayor gravedad, que tenían un historial de resistencia a los tratamientos disponibles, o que habían desarrollado una depresión mayor a edades más tempranas.

Nuevo biomarcador
En definitiva, y de manera similar a como sucede en los roedores, parece que la acetil-L-carnitina también está implicada en el desarrollo de la depresión en humanos. De hecho, parece que sus niveles se encuentran no solo relacionados con la respueta a los tratamientos, sino con la gravedad de la enfermedad. Tal es así que, como refiere Natalie Rasgon, co-autora de la investigación, «en nuestro trabajo hemos identificado un nuevo e importante biomarcador de la depresión mayor».

Pero aún hay más. El estudio, destacan los autores, «también abre la puerta al posible desarrollo de una nueva clase de antidepresivos libres de efectos adversos y con un inicio de acción mucho más rápida que los actualmente disponibles. Unos fármacos potenciales que, además, podrían resultar de especial ayuda para aquellos pacientes en los que los tratamientos actuales no funcionan o han dejado de funcionar».